¿Y si matáramos nuestros propios pollos...?
Me dispuse a comer
un pollito a la broaster y me puse a caminar por la calle buscando un letrero
grande y llamativo de color rojo y amarillo y olores a frito que hipnotizan aún
a media cuadra a la redonda.
No es necesario
caminar más de unas pocas cuadras para encontrar un lugar así en la mayoría de
los barrios de la ciudad. Mientras
caminaba buscando mi cena me preguntaba cuán difícil podría ser criar un pollo,
y lo más difícil, cuán complicado podría ser matarlo.
Resulta que la
cosa es más o menos así: Menos mal aquí no existe el dilema de cual es primero,
si el huevo o la gallina. Aquí lo
primero es el huevo, que luego de que rompe el cascarón ya es pollito (no para
comer aún pero pollito al fin). Al
pequeño se lo debe mantener a una temperatura de alrededor de 35 grados
centígrados e ir disminuyendo la temperatura progresivamente durante las
siguientes semanas, y ojo con irle tomando cariño porque sino ninguno de
nosotros comemos. Esto suena más fácil
de lo que suena por que hay que saber como fabricar el corralito y además como
poner las bombillas para lograr los 35 grados.
Luego de cuatro semanas debes trasladar al pequeño a otro corral algo
más grande porque el pequeño ya no es tan pequeño.
Pero no desesperen
porque ya están a mitad del camino. En realidad un pollo listo para comer sólo
necesita 2 meses de crianza antes de que puedan... ...ya saben. - ¡¿Dos
meses!? - Sip. Para algunos dos meses
son mucho tiempo, especialmente si para todo este trabajo solo vamos a obtener media
hora de deleite de chuparnos los dedos con una rica cena (sin mencionar todo el
trabajo que conlleva el cocinar un buen plato).
¿Dónde ibamos? Ah!
Si, ahora que está en un espacio un poco más grande seguimos alimentándolo,
dándole agua y además básicamente solo tenemos que asegurarnos que continúen
manteniéndose abrigados y protegerlos del viento y el frío.
Ahora viene lo más
difícil, llamar a la abuela para que venga a torcer un par de cuellos. Y aquí es donde quería llegar. ¿Cuántos de nosotros comeríamos la misma
cantidad de carne que comemos ahora si tuviéramos que matar nuestros propios
pollos? Los que entre nosotros tenemos
más imaginación ya pudimos crear toda la escena. Algunos tal vez agarrando al
pobre infeliz entre las piernas e intentando ver a que lado aplicar la fuerza
para terminar con su vida; otros tal vez pensando en sostener la cabeza del
aleteante animal contra la base del tronco de un árbol caído que hizo a modo de
mesa en innumerables situaciones antes, y con la otra mano sosteniendo en alto
un hacha de filo resplandeciente contra la luz del sol poniente que será
testigo de una decapitación que dará inicio a la cena horas más tarde!... ...o, bueno, otros llamando a la abuela,
como dije antes. Ellas sabían como hacer estas cosas.
Antes, cuando todo
en la vida era criollo mi papá me contaba como eran las cosas. Criar un pavo o una gallina para el
cumpleaños del papá era un evento especial.
No todos los días se comía pavo.
No todos los días se mataba para comer bien. E imagino que en parte, en gran parte, era porque vivir la escena
que un poco en broma incité a imaginar no tenía ninguna gracia en realidad.
Hoy en día comer
cuarto pollo equivale a una hora de trabajo de oficina, o menos en muchos
casos. Eso quiere decir que medio día de trabajo equivale a todo el trabajo de
crianza más el duro trabajo de quitar la vida a un polluelo.
A estas alturas ya
estoy sentado en el snack de comida rápida y veo alrededor gente sonriendo con
los labios llenos de aceite y grasa, despresando el rico pollo con papas, sin
ellos darse cuenta en la mayoría de los casos del trabajo que describí líneas
arriba, y sin darse cuenta (porque no les conviene además) del gran favor que
nos hacen otros para que la comida que comemos parezca solo eso: Comida.
- Marcelo Pardo -